Falibilidad

Hoy en día, en filosofía, cuando se habla de falibilismo, se piensa automáticamente en la tesis epistemológica según la cual, “ninguna creencia (teoría, concepción, tesis, etc.) puede nunca tener un apoyo o justificación racional concluyente [es decir,] nunca podremos excluir por completo el poder dudar de su verdad.” (Hetherington 2017) Esta tesis a veces suele formularse apelando a la noción misma de falibilidad así: “Toda creencia está justificada de manera falible” es decir, si una creencia está justificada, esta justificación es falible, es decir, puede fallar. Así formulado el falibilismo, queda claro que la falibilidad no es una propiedad de la creencia en sí misma, sino de su justificación o apoyo racional. Lo contrario de falible, entonces, es lo infalible. Una creencia estaría justificada de manera infalible si su justificación por sí misma garantizara por completo su verdad. Durante mucho tiempo se creía que, por lo menos para cierto tipo de creencias podría lograrse una justificación de este tipo. Para Descartes, por ejemplo, nuestras ideas claras y distintas estaban justificadas de manera infalible, es decir, su propia claridad y distinción garantizaban por completo su verdad.

Me parece claro que la falibilidad de la justificación de nuestras creencias es sólo un caso de un fenómeno mas general que puede darse en otros ámbitos además del epistemológico. Que algo sea falible no significa mas que puede fallar y que algo sea infalible tampoco significa entonces más que garantiza su objetivo de manera concluyente. Así pues cualquier actividad que tenga un fin u objetivo, puede ser falible – si es posible que no alcance su objetivo – o infalible – si lo garantiza. 

Pongamos un ejemplo de interés filosófico: la posesión de conceptos. Podemos entender el debate sobre si es necesario para poseer un concepto dado el ser capaz de entenderlo por completo o no como un debate sobre la falibilidad de la posesión de conceptos. En otras palabras, si la posesión de conceptos fuera infalible, quien posee un concepto deber ser siempre capaz de evaluar de manera acertada si, dada eficiente información sobre un objeto cualquiera si cae o no dentro de su extensión, y ser capaz de efectuar de manera competente las inferencias necesarias que definen las relaciones lógicas del concepto – por ejemplo, inferir de que algo es un buey a que no es una vaca hembra o de que algo es un lobato a que es un lobo joven. En contraste, si la posesión de un concepto fuera falible, entonces sería posible poseer un concepto y fallar al aplicarlo, ya sea en inferencia o clasificación. (Earl 2017)

Sin embargo, alguien podría pensar que no es sorprendente que tenga sentido hablar de falibilidad aquí, pues el fenómeno de la posesión de conceptos sigue siendo un fenómeno epistemológico (Earl 2017). Sin embargo, creo que debe ser importante dejar claro que no siempre que hablamos de falibilidad lo hacemos en un plano epistemológico. Para ello, sería útil tratar de encontrar un ejemplo no epistemológico. Para lograr esto, es mas fácil empezar fuera de la filosofía. Consideremos els siguiente caso de la vida real:

Hace unos días, un camión de gran peso embistió un mercado navideño en Berlín, asesinando a 12 personas e hiriendo a casi 50. Meses antes, otro camión de gran peso fue usado en la ciudad de Niza para un ataque similar que resultó en 86 personas fallecidas. En condición de anonimidad, unos días después del ataque en Berlín, un alto funcionario de fuerzas antiterroristas declaró a la Agence France-Presse que no existían medidas infalibles contra este tipo de ataques, aunque era posible tomar precauciones como prohibir la circulación de automóviles y colocar bloques de hormigón alrededor de las calles donde se esperan se junten multitudes. En otras palabras, aunque las medidas podrían evitar ciertos ataques, no pueden garantizar que este tipo de ataques dejen de suceder. "Desgraciadamente, habrá que acostumbrarse a vivir bajo amenaza” declaró a la AFP Ludovic Guérineau, ex miembro de los servicios secretos franceses y ahora director de operaciones de la firma de seguridad privada Anticip.

En este caso, podemos hablar de medidas falibles o infalibles, no porque haya una dimensión epistemológica, sino porque hay un objetivo y este puede estar garantizado por la medida o no. Por supuesto, alguien podría re-formular el ejemplo de manera epistemológica, por ejemplo, diciendo que lo que hace a las medidas sugeridas a la AFP falibles es que al usarlas no podemos saber si de cualquier manera habrá un ataque con camiones o no; sin embargo, espero sea claro que el lenguaje espitémico en esta formulación del fenómeno es completamente ocioso. Lo que hace a una medida, técnica, proceso, etc. falible o no no es el de si, al aplicarlo, sabremos o no que logrará su objetivo, sino que si dicho objetivo está o no garantizado. Si tengo razón, entonces, todo medio puede ser falible o infalible dependiendo de si garantiza o no su fin. Así es como voy a entender la falibilidad de aquí en adelante. [Agradezco a Ricardo mena el presionarme en la importancia de este punto.]


Ahora sí puedo presentar un ejemplo de importancia filosófica en el que, argumentaré mas adelante, es útil hablar de falibilidad y no suele hacerse: las palabras. Se ha dicho mucho que el lenguaje es una herramienta, pero me parece que las consecuencias filosóficas de esta afirmación n o han sido exploradas del todo. Pongamos un ejemplo. Asumamos que la función de las propiedades semánticas de un adjetivo como “verde” o un sustantivo como “automóvil” es permitirnos distinguir entre dos tipos de objetos: los que caen dentro de su extensión y los que no, entre lo que es verde y lo que no es verde, entre lo que es un automóvil y lo que no es. Ahora bien, podríamos decir que la semántica de un termino es infalible si nos garantiza que en toda situación podremos usarla para hacer esta distinción  y falible si no es así. Tradicionalmente, se asume que la semántica de nuestros términos es infalible en este sentido, pero a mí me parece que esto es un error y que, por lo menos en el caso de los términos vagos y probablemente en todas las expresiones, la semántica de nuestros términos es falible, es decir, su objetivo no está garantizado para toda situación posible.

En mi trabajo de (2015) presenté otro ejemplo de relación filosófica improtante que es útil pensemos en términos de falibilidad en vez de infalibilidad: la relación entre una verdad y su base metafísica, es decir, aquello que la hace verdadera. Mi ejemplo ahí era la verdad de que mis sobrinos son traviesos, lo cual es verdadero porque mis sobrinos, Aimee y Balam, de hecho son traviesos. Sin embargo, la relación es falible – o derrotable que, como veremos mas adelante, es otra manera de decir lo mismo – porque el que mis sobrinos Aimee y Balam sean traviesos no garantiza por completo que mis sobrinos sean traviesos, ya que sigue existiendo la posibilidad de que tuviera otro sobrino que no fuera travieso. En ese caso, seguiría siendo el caso que mis sobrinos Aimee y Balam sean traviesos y, sin embargo, sería falso que mis sobrinos son traviesos.

Si bien la infalibilidad es una virtud extrema de las herramientas, métodos, medios, etc. esto no significa que las herramientas (métodos, medios, etc.) falibles sean inútiles. Es posible que una herramienta sea falibles y aun así sea útil y su existencia valga la pena. Aun cuando las medidas sugeridas a la AFP arriba no garanticen detener los ataques a civiles por medio de camiones, esto no significa que no deban de adoptarse. Pensar de otra manera es caer en lo que se llama la falacia de confundir lo bueno con lo perfecto. Una medida puede ser buena, aunque no sea perfecta, es decir, infalible. Pero uno cae en la misma falacia si piensa que todo método falible vale la pena. Cuando es racional o no usar un método falible es una cuestión fundamental para entender la falibilidad y de ello he hablado en un post anterior.


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