Historia y Ontología
Como persona que se dedica a la ontología y la metafísica, no es de sorprender que me interese mucho la historia o, más bien, su filosofía. Dentro del enorme campo de la filosofía de la historia, me interesan en particular tres preguntas:
- ¿Qué tipo de propiedades son las propiedades históricas? Dicho de otra manera, ¿cómo se relaciona la historia – es decir, los hechos históricos – con los objetos acerca de lo que son?
- ¿En qué descansa la normatividad de la historia?, es decir, ¿qué fin persigue esa actividad que llamamos historia? En particular, ¿cómo se relaciona esta normatividad con otras normatividades, especialmente, epistémicas? Es decir, ¿hay algo más en la buena historia que fidelidad a los hechos?
- ¿Qué relación hay entre historia y temporalidad, modalidad y causalidad? ¿Podemos reducir la historia a hechos modales (especialmente contrafácticos), temporales y causales?
Hoy quiero empezar hablando de la primera de estas preocupaciones:
El pensamiento, el lenguaje, la historia, el tiempo y el espacio tienen algo muy importante en común dentro de la metafísica occidental: existe una larga tradición, dentro de la cual se cuenta la filosofía analítica, según la cual estos aspectos son, en la gran mayoría, si no es que todos los casos, extrínsecos a sus objetos: El que en este momento esté pensando en un objeto es una propiedad extrínseca de dicho objeto. El que un objeto tenga el nombre que tiene también es una propiedad extrínseca, al igual que lo es su locación espacial y temporal. También es la regla, más que la excepción, que los hechos históricos sean extrínsecos a los objetos a los que les suceden. Por ejemplo, el que el Popocatépetl se llame así – “Popocátepet” – es una propiedad que le es extrínseca, como lo es el que sea de qué trata la canción de Fey del mismo nombre. Que los Andes dividan Argentina de Chile es extrínseco a los Andes y que mi taza de café esté enfrente de mí en este momento también le es completamente extrínseco. Dentro de esta tradición, es común aceptar que, sin embargo, hay casos excepcionales en los que estas relaciones sí son intrínsecas. Por ejemplo, México es el país que es en gran parte por su historia y tal vez no existiría el concepto de kitsch si no existiera también la palabra que lo nombra y si no pensáramos en términos de dinero tampoco tendría sentido decir que el dinero existe. En este tipo de casos, las relaciones que guardan estos objetos con su historia, el lenguaje y el pensamiento no parecen ser extrínsecos, sino intrínsecos y, en algunos casos, hasta esenciales.
Empero, existen múltiples tradiciones filosóficas, tan o mas populares en las que estos casos no son exepcionales sino la regla: el que el Popóctaepetl se llame así es parte de lo que es ser dicho volcán al igual que los Andes no serían los Andes si no dividieran, en este momento histórico, a Chile de Argentina.
Comentarios
Publicar un comentario