Ricardo Mena y los límites del contexto
En un mundo ideal, Fregeano, el contenido de la aseveración sería también el contenido del item lingüístico que emitimos para realizar la aseveración. En otras palabras, idealmente, lo que afirmamos es el contenido de las palabras que decimos.
Sin embargo, nos dice Mena, estos dos desiderata son insatisfacibles en conjunto:
- El contenido de la aseveración es el contenido del item lingüístico que emitimos para realizar la aseveración.
- El contenido de items lingüísticos es composicional.
La solución tradicional, Lewiseana, contextualista, es introducir un dualismo de contenido, distinguiendo entre contenido semántico y contenido pragmático, de tal manera que (1) y (2) sean verdaderos, cada uno sobre un tipo de contenido distinto. (1) sería verdadero sobre el contenido pragmático y (2) sobre el semántico, así:
- El contenido de la aseveración es el contenido pragmático del item lingüístico que emitimos para realizar la aseveración.
- El contenido semántico de items lingüísticos es composicional.
Por supuesto, para que esta propuesta sea una solución atractiva, la noción de contenido pragmático debería tener las características del contenido que nos motivan a aceptar (1); si no, sería una solución ad-hoc. Esta solución es conocida como contextualista, porque el contenido pragmático es sensible al contexto, así que también podría presentarse la solución de esta otra manera:
- El contenido de la aseveración es el contenido del item lingüístico en el contexto en el que emitimos para realizar la aseveración.
- Los aspectos del contenido de los items lingüísticos que son independientes del contexto son composicionales.
A Mena, como a muchos, sin embargo, le preocupa qué noción de contexto se requiere para que esta solución funcione. En especial, les preocupa la cuestión de si todo lo que determina el contenido que necesitamos para que (1) funcione, es decir, el así-llamado contenido pragmático sólo es el contenido semántico mas el contexto. A Mena, en particular, le preocupa si la interpretación debe ser, por lo tanto, parte del contexto. Por un lado, hay buenas razones para decir que el mismo item lingüístico puede tener diferentes interpretaciones en diferentes situaciones. Piensen, por ejemplo, en items vagos o en discusiones meta-lingüísticas sobre, por ejemplo, si Platón es un planeta o no. Diferentes personas pueden usar el mismo item lingüístico con diferentes sentidos, es decir, darles diferentes interpretación. Pero ¿significa esto que estas interpretaciones están, digamos, en el contexto (del hablante)? Y si no están ahí, ¿dónde? Para mantener la solución Lewisiana, deberíamos concluir que el contenido de la aserción debería ser neutral sobre cómo se interpretan las palabras y esto parece inaceptable para Mena. Lo que afirmamos debe estar determinado por lo que, de hecho, queremos decir.
Para resolver este problema, Mena identifica cuatro posibles soluciones:
a) Abandonar el proyecto Lewisiano y simplemente rechazar (1). Obviamente, una solución de último recurso.
b) Lo que Mena llama “externismo”: "Hay una [interpretación] privilegiada … que está externísticamente determinada por nuestras convenciones lingüísticas. El objeto de la aseveración en casos fácticos queda determinado por [esta interpretación]…” (Mena, borrador del 2026) Desafortunadamente, de hecho sí usamos las palabras con otro sentido que el convencional, así que esta solución no va a funcionar.
c) Una solución que discutí con él en el Seminario de Filosofía del Lenguaje, según la cual el contenido asertórico es “la intersección del contenido semántico [con] el trasfondo común de la conversación en que la aseveración ocurre.” (Ibidem) Pero esta propuesta es revisionista sobre el tipo de objetos que pensamos que son los contenidos de la aseveración.
d) La solución que prefiere Mena es que el contenido asertórico de las emisiones puramente fácticas es el conjunto de mundos posibles en los que el enunciado es verdadero bajo alguna interpretación en el trasfondo común. Esta solución captura las ventajas de la solución (c) pero sin el revisionismo ontológico que éste implica.
El problema con la propuesta de Mena es que no es homogénea: el contenido de las emisiones puramente fácticas sería distinta de la de las emisiones que tienen algún elemento meta-lingüístico.

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