Sobre la iteración de operadores modales
¿Qué determina que un operador oracional —una modalidad, un cuantificador, un adverbio— sea iterable o no?
Se acepta comúnmente que los operadores modales del lenguaje natural son iterables, en la medida en que resultan inteligibles enunciados como "es posible que no se pueda hacer ya nada", donde el operador modal alético "pueda" cae dentro del alcance del operador modal alético"es posible". Otro ejemplo poco controvertido podría ser "me gustaría que me gustara cocinar, de modo que disfrutara tener que hacerlo” donde “gustará” cae dentro del alcance de “gustaría”.
Existen, sin embargo, otros casos que resultan carentes de sentido, o en los que una de las ocurrencias del operador parece no aportar nada semánticamente, es decir, hacen que el enunciado suene redundante, como "Siempre ha estado ahí siempre", "Ya es definitivo que la carrera queda cancelada definitivamente" o "El sensor es exactamente exacto".
Para dar cuenta de este fenómenos, propongo la siguiente hipótesis: si un operador intensional fija el valor de un parámetro, su iteración resultaría superflua, pues dicho parámetro ya habría quedado fijado por la primera aplicación del operador. Esa es la razón por la que, por ejemplo, no podemos decir "Antier visité a mi hermana ayer" (pues el parámetro de tiempo –en escala de días– no puede determinarse mas de una vez), aunque sí podamos decir "Ayer y antier visité a mi hermana". Si, en cambio, la aplicación del operador genera un nuevo parámetro del mismo tipo, entonces una segunda aplicación del mismo operador podría, con sentido, volver a fijarlo. Esto último es, precisamente, lo que ocurre con los operadores modales en las caracterizaciones semánticas tipo Marcus-Kripke. En dichas semánticas disponemos de un marco particularmente elegante para pensar la iteración de operadores: la teoría de la accesibilidad. En términos simples, la intuición subyacente a la noción de accesibilidad consiste en modelar el principio metafísico según el cual lo que es posible depende de lo que de hecho es el caso. Este principio permite, por ejemplo, que existan estados de cosas que son imposibles pero que podrían no haberlo sido.
En Twitter, Violeta Vázquez sugirió que la distinción entre operadores iterables y no iterables podría corresponder a la distinción entre operadores relativos al hablante ("honestamente", "precisamente") y operadores relativos a la proposición, como es el caso de las modalidades aléticas ("es posible que"). Esta hipótesis tiene una clara plausibilidad teórica, pues si el valor semántico de un operador sentencial depende exclusivamente de la proposición expresada por el enunciado al que se aplica, entonces el enunciado resultante debe a su vez contener la información suficiente para determinar el valor semántico de una segunda aplicación del operador.
En general, el recurso de la accesibilidad permite fácilmente modelar el comportamiento de este tipo de operaciones. La posibilidad parece ser de este tipo porque qué sea posible parece depender del mismo tipo de cosas (a saber, estados posibles de cosas, es decir, proposiciones) que a su vez pueden ser posibles. Es decir, lo que es posible y de lo que depende que sea posible parecen ser entidades del mismo tipo: proposiciones.
No obstante, uno podría pensar que, dado que un acto de habla o un estado mental puede versar sobre otro acto de habla o estado mental —y, por consiguiente, un operador del primer tipo puede referirse a un agente distinto del hablante—, cabría pensar que esto permitiría la iteración de operadores de este tipo. Así, por ejemplo, si un hablante se refiere a una oferta hecha por un tercero, puede afirmar con sentido "definitivamente, la oferta es definitiva", enunciado que carecería de sentido si se refiriese a una oferta hecha por él mismo.
No estoy convencido, sin embargo, de que este constituya un contraejemplo genuino a la hipótesis de Vásquez según la cual los operadores sobre actos de habla no admiten iteración. Me parece, más bien, que se trata de dos operadores distintos, aunque del mismo tipo: el primero modifica la definitividad subjetiva del hablante, y el segundo, la del ofertante —quien no es la misma persona. En este sentido, el ejemplo resulta semánticamente más próximo a enunciados como "sé que Juan aún no sabe de la fiesta", en los que un operador epistémico ocurre dentro del alcance de otro sin que ello constituya una iteración genuina, dado que el primer operador refiere al estado epistémico del hablante, y el segundo, al de Juan.
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